|
Tenía
ocho años cuando mi padre nos compró a mí
y a mi
hermano
dos guitarras pequeñas (le costaron 9 rublos cada una,
después de una larga fila). Jamás se me olvida
este
primer
encuentro y la emoción cuando apreté en el diapasón
las
cuerdas. En cada traste había un sonido diferente y
no
podía
creer que lo estaba haciendo, que el sonido dependía
de
mí . Se lo mostré a mi hermano, quien no compartíó
mucho
mi
entusiasmo, y hablé con mis padres de las ganas que
tenía de aprender a tocar la guitarra.
|