Luis Cortés Bargalló
Alberto Blanco
Jorge Bustamante
Héctor Carreto
Eduardo Casar
José Homero

Jaime Labastida
Josu Landa
Eduardo Langagne
Eduardo Lizalde
Jorge Márquez
Raúl Renán
Víctor Toledo
Enzia Verduchi
Verónica Volkow

 


Eduardo Casar González

Nacimiento: 6 de marzo de 1952, DF, México.

Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM.
-Estudios de maestría en Literatura Mexicana en la FFy L de la UNAM.
-Actualmente elabora su tesis de doctorado en Letras; ha aprobado ya el examen de candidato a doctor.
-Premio Nacional de Ensayo Literario “José Revueltas”, en 1976.

Ha publicado:

Noción de travesía , Mester, 1981 (poemas).
Son cerca de cien años , UNAM, 1989 (poemas).
Caserías , UNAM, 1993 (poemas).
Mar privado , Conaculta/ Instituto Cultural de Aguascalientes, 1994 (poemas).
Las aventuras de Buscoso Busquiento (en colaboración con Alma Velasco), Conaculta/ Grijalbo, 1994 (cuentos para niños).
Amaneceres del Husar , Alfaguara, 1996 (novela).
Autor del guión de la película Gertrudis Bocanegra , filmada en 1991.
-Profesor de tiempo completo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
-Profesor de la Escuela de Escritores de la Sogem
-Conductor, desde 1994, del programa radiofónico Voces interiores , de la Dirección General de Vinculación Cultural del Conaculta y Radio Educación.
- Conductor del programa de televisión La dichosa palabra , que se transmite en el canal 22.

  + Poemas


APRENDIZAJES CON ESCALAS DE AIRE


ATAÚDOS


No duraremos mucho tiempo encerrados
en la caja del tiempo.

Que alguien le haga unos hoyos a la tapa
para que entre el lenguaje a rescatarnos.


MARGARITTE

Ya se cansó el lenguaje, déjenle espacio,
déjenlo que se vaya
a soñar con caderas. Que respire el poema,

que se sirva gargantas desolladas,
manos sobre los ojos,
y la fuente nutricia. Dejen
cuatro metros de gasa
sobre el hombre que sueña.

Ya debemos callarnos:

Margaritte está escribiendo la muerte de Zenón
y el jardinero toca:

ella sale, conversa, condesciende y asciende,
pregunta por sus hijos (por los del jardinero),
comenta la montaña de las nubes, dice que no
hace frío.

Al regresar a su escritorio, Zenón sigue muriendo.

 

EL VIEJO ESCRITOR

No sé por qué pero parece
que el escritor quisiera deslizarse:
se le nota en los dedos cuando escribe.
Con la espiral que resulta
de su tan desenvuelto deslizarse
el viejo escritor
nunca alcanza a atraparse.
Deslizarse es una forma
de no quedar atado, siempre una mano
fuera de la ventana, un sector angustiado
de la mano sale fuera del agua.
Pero no pide auxilio y no está saludando,
no señalando cosas extrañas o distantes:
sale afuera del agua, quiere asir
otras cosas más raras.
Salido de madre, los jirones de la ropa
mordidos por la maleta,
girando en torno de un eje que no sabe
si es un eje central, y desplazando al agua
con todo el mundo a cuestas,
siempre lo carga todo,
en su tórax, hundido.
Espiral, caligrafía, silencio, enredadera,
desplazamiento, huída. Patinaje.
Hay más de dos serpientes
que empluman su escritura.
No sé hacia dónde va.
Pero él no sabe cómo se regresa.

 

PLBR

Palabra: cobra
valor en la oración,
no te hagas,
no te conviertas en una
frase que ya se hizo. Échate
hacia adelante o para,
pero sólo para establecer
cláusulas nuevas
en el contrato entre

y quien te llena
los labios y los labios.
Reinvindica la acción de tu pasión
con todo el movimiento: sé central,
sustantiva, sujeta a ti
todos los adjetivos de modo que te alargues
siempre con disyuntivas.
Palabra: ten palabra:
vive al pie de la letra.

 

SOPORTE MATERIAL

...y ya escrito el poema,
ya bien pasado en limpio,
cuando ya eliminamos
borraduras y atajos,
detenerse.
Tomar entre los dedos
una de las esquinas de la hoja
y retirarla suavemente,
al contrario de como se retira
el mantel repentino
sin que las copas caigan.
Hasta que el poema quede
flotando sin papel sobre la mesa.

Entonces hay que abrir la ventana
y que el aire deshaga lo que quiera.

ESCRIBIENDO EN GERUNDIO

Entre otras cosas
para enriquecerse con los otros, juntos,
al juntar las palabras y formar escaleras y
puentes levadizos
que unan habitaciones desconocidas antes.

Para transitar por todas las resonancias posibles
y estropear los usos automáticos, buenos,
del lenguaje.

Para ponerse sombras, y sobras, y redobles
debajo de las tapas craneana y torácica,
encenderse los centros y los flancos.

Para que la relatividad deje de ser teoría
y se aparezca Hegel en las noches.

Para perderle el miedo a los disfraces
y a las voces distintas.

Al escribir el mundo se incorpora
y lo que parecía inorgánico
se organiza y se tensa,
y los sentidos intensifican
los radios de sus arcos perceptivos.

Escribir es también revolverse, entrecruzarse
con los aspavientos
y abrir encrucijadas donde estaba el silencio
enterradito y quieto.

Defenderse de lo definitivo, embriagarse,
ver las fotos de lado.

Es cobrar importancia y malgastarla.

 

TRAMAS EN VEZ DE VERSOS

En este poema un hombre va
caminando. No se sabe
por dónde entró: ya estaba en movimiento
cuando bajó el poema como una atmósfera,
como un capelo transparente.

Al llegar al borde del capelo
el hombre choca, choca con él
pero no bruscamente, no le duele:
es más bien una especie
de blanda resistencia en contra de su cara.

El hombre da la vuelta y sigue
caminando. Gira sobre sí mismo varias veces.
Hasta que se fatiga y se detiene.

Se sienta en el borde, desconcertado.
Agacha la cabeza, se abraza las rodillas.

Cuando cierra los ojos
el poema desaparece.