Luis Cortés Bargalló
Alberto Blanco
Jorge Bustamante
Héctor Carreto
Eduardo Casar
José Homero

Jaime Labastida
Josu Landa
Eduardo Langagne
Eduardo Lizalde
Jorge Márquez
Raúl Renán
Víctor Toledo
Enzia Verduchi
Verónica Volkow

 

 


Eduardo Lizalde (México, 1939)

Escritor mexicano. Nacido en la ciudad de México, estudió Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Dirigió la Casa del Lago y la emisora Radio Universidad, organismos culturales de la UNAM. Colaboró en numerosas revistas y diarios mexicanos, además de fundar dos suplementos culturales. Con Enrique González Rojo y Marco Antonio Montes de Oca creó el grupo del poeticismo, de breve duración. Más tarde desarrolló una poética personal, profundamente irónica y aparentemente coloquial, que lo acercó a otros dos poetas de su generación llegados a postulados parecidos por caminos distintos: Gerardo Deniz y Gabriel Zaid. Sus poemas desarrollan anécdotas, “tabernarias o eróticas”, en las que el poeta es el personaje principal y los hechos afirmaciones crudas de la vida real. Cercanos al aforismo, el peso poético se logra gracias al ritmo, al desenvolvimiento de la anécdota y a las astutas metáforas, muchas de ellas bajo el emblema del tigre. Sus libros principales son: La mala hora (1956), Cada cosa es Babel (1966), El tigre en la casa (Premio Xavier Villaurrutia 1970), La zorra enferma (1974), Caza mayor (1979), Tabernarios y eróticos (1989), Rosas (1994) y Otros tigres (1995). En 1988 recibió el Premio Nacional de Literatura y en 2002 el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde. En 2005 fue ganador del Premio Sabines-Gatien Lapointe 2005 que otorgan el Seminario de Cultura Mexicana, el Fondo de Cultura Económica (FCE) y la Secretaría de Cultura capitalina. El galardón es el resultado de una labor conjunta entre México y Canadá. Actualmente dirige la Biblioteca de México.  

Martirio de Narciso

Al verterse en los charcos la apostura
del que delgado está, pues disemina
sus reflejos, el agua femenina
se hiela por guardar cada figura.

El revés del cristal nos asegura
su espalda contener: allí camina
la sangre que en Narciso se origina
cada vez que un espejo se fractura.

Pulida tempestad en los cristales
impide que navegue su reflejo;
le da ceguera un Tántalo cercano,

quien dice amordazando manantiales:
aquel que aprisionar logra un espejo
puede apretar el mundo con la mano. "