Enzia Verduchi (1967) poeta y editora. Estudió Periodismo y Ciencias de la Comunicación en el Instituto Campechano. Becaria del Centro Mexicano de Escritores en 1992 y del Fonca en 1996 y 2003. Actualmente es miembro del SNCA. Ha colaborado en distintas revistas y suplementos culturales nacionales e internacionales. Premio Nacional de Cuento Efraín Huerta 1992. Obra Publicada: Cartas de usurpación (1992) y El bosque de la hormiga (2002).
I
Palabras para un día de campo
Las trasterradas
Regresamos a la tierra nunca propia
huella de patria imaginaria. Llevamos
por dentro la casa, el árbol y el sueño.
En una pared rentada
mi hermana retiene una fotografía:
fragmentos mediterráneos
Hablamos el idioma donde no existe
posesión de las circunstancias.
Nuestra infancia sólo son palabras.
Hermana, la alegría del viaje nos abandona.
Sin geografía que nos sostenga
soñamos con el árbol y la casa.
Radio de onda corta
A oscuras mi padre sintonizaba la radio:
una pelea de box en japonés,
la crónica de un atentado en italiano
o la caída de un avión en ruso.
Aunque los periódicos al día siguiente
desmintieran sus versiones, él se entendía
con la frecuencia y la estática.
Fiel receptor de hechos incomprendidos
a lo largo del cuadrante, insomne
en las ondas de alguna estación.
Mientras, junto a él, mi madre
soñaba encontrar un interlocutor.
Liga de veteranos
Los veteranos exhibían la renovada pasión de la edad temprana.
Corría el balón sobre el césped
espolvoreado con diamantina –“para saber por dónde anda”-,
cabezazos, franjas plateadas en la frente.
Con sabio instinto, nunca esperaron
un tiro de medio campo ni llegar a tiempos extras:
no es justo que el capricho determine la victoria o la derrota.
Los hijos sacábamos en una camilla de dudosa resistencia
la lesionada dignidad de nuestros padres.
Hoy, la liga se convoca frente al televisor.