Luis Cortés Bargalló
Alberto Blanco
Jorge Bustamante
Héctor Carreto
Eduardo Casar
José Homero

Jaime Labastida
Josu Landa
Eduardo Langagne
Eduardo Lizalde
Jorge Márquez

Raúl Renán
Víctor Toledo

Enzia Verduchi
Verónica Volkow

 

 


Verónica Volkow ha publicado varios libros de poesía: La Sibila de Cumas , México, Martín Pescador, 1974; Litoral de tinta , México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1979; El inicio , México, Municipio Popular de Juchitán, 1983; Los caminos, México, Ediciones Toledo, 1989. Arcanos , México, 1996, Colección Práctica Mortal. Oro del viento Editorial Era, 2003, libro ganador del Premio de Poesía Pellicer .

Escribió también Sudáfrica; diario de un viaje, México, Siglo XXI, 1988, una crónica sobre la vida cotidiana en el apartheid.   En crítica de artes plásticas tiene   La mordedura de la risa un estudio sobre la obra gráfica de Francisco Toledo en  México, Editorial Aldus, 1995, por aparecer en el FCE.

Su último libro de narrativa es La noche viuda, FCE, 2004.
Es doctora en letras, profesora universitaria y ha sido tutora de la Fundación para las Letras Mexicanas. Actualmente becaria del sistema Nacional de creadores.


JARDIN     

Hay en mi jardín rosas que deshojan
un corazón abierto al descampado.
Así es la flor,
su desnudez es magia.
Le pido a la rosa me guarde,
en la fragilidad, secretos dones
y a la espina me otorgue la humildad
y sus manos precisas.

Pido un techo que no tape, que recuerde
                                                       al cielo
y una ciudad que es nueva siempre
porque no agota sus caminos,
y le pido al río su fluir,
su muerte en el instante
que también es vuelo.



LABERINTO

Con mi vida escribo
la huella de una estrella,
un laberinto que encendida ando.
Sumergida en la sombra
mirada plena,


Hay un vuelo que abre
la luz en lo interno
un caminar sensible,
y cuidado
del corazón despierto.

 

Rosario para Nadia

Desde un interno hablar a paraíso
supo el poeta, a la rosa sin espinas
dar sonido al color y una memoria
encendida y honda a su fragancia,

Y fue nueva al jardín; aunque ya inúmera,
rosa súbitamente allí nimbada
con su pureza de luz y una añoranza
de estrella en su músico ovillar.

Busco un hilo de luz para esa rosa
que en laberinto vegetal o escrito
desentraña al oído el ser más puro.

Rosa la huella digital recuerda
en su urdido centro, vastas órbitas,
del hoy sonoro prístino concierto.